Sin delantal, con ropa casual y un lenguaje directo es como Jamie Oliver ha logrado hacerse un hueco en los hogares. Primero en las teles británicas y más tarde en las europeas la figura de este joven cocinero lleva muchos años alargándose.
En Mayo cumplirá 34 años y llevará cerca de 20 dedicándole tiempo a los fogones. Su padre tuvo un pub-restaurante y él no tuvo ningún problema en continuar la saga.
El distintivo que le ha hecho triunfar por encima de otros chefs es su cercanía. Cada comida que hace es una historia diferente en la que tiene que ayudar a un amigo, esperar a un compañero o simplemente hacer comida para su familia. El formato le ha dado el éxito que se merecía al innovar de esa manera.
Jamie ha sabido utilizar Internet a las mil maravillas y convertir algunas de sus recetas en virales. Uno de esos vídeos es la receta de cordero al curry donde une la cocina con otra de sus pasiones, la música.
Desde aquí quiero confesarme como fan de este muchacho. Eso sí, no todo son halagas en esta vida. No me gusta que eche tanta mantequilla a las comidas y que algunas recetas estén tan especiadas… matan el sabor propio de la carne. No todas iban a ser cosas perfectas, ¿no?
A lo largo del día el hambre llama a nuestra puerta, pero la mayoría de las veces ya sea por que estamos trabajando, porque estamos en clase, o porque estamos fuera de casa, nuestra solución es introducirnos un chicle en la boca. En otras ocasiones elegimos la opción del caramelo, la cual, como explicaremos a continuación, es mejor.
¿Qué sucede cuando tomamos un chicle? Comenzamos a salivar más y esto envía una orden a los jugos gástricos del estómago que comienzan a trabajar. Pero…¡sorpresa! ¡No hay alimento que digerir! Es decir, estamos alterando las funciones de estos ácidos que son los que nos ayudan cuando sí hay alimento. Al no tener nada frente a lo que actuar, estos jugos generados pueden interaccionar con otras sustancias de nuestro organismo, lo que no nos favorece en absoluto. En el caso de los caramelos, es parecido, pero como dura mucho menos en nuestra boca, el efecto es mínimo.
Por tanto, cuando tengáis hambre y no tengáis qué comer a mano, elegid la posibilidad de tomar un caramelo en vez de un chicle, aunque como siempre, sois libres de vuestra elección.
Esta semana nos pusimos picantes y hablamos de comida sexual. Tratamos desde el punto de vista del antes al del durante. Para el que no lo haya pillado nos referimos a afrodisiacos para adelantar un poco los trámites y a diversos elementos que se utilizan en los momentos claves, ahí sí que no me voy a meter en profundidad.
Como viene siendo tradición, no os voy a aconsejar algo que esté malo y la oreja no va a ser lo primero. Bien es cierto que esta tapa no es como la paella o las patatas fritas, que le gusta a todo el mundo, sino que la textura puede echar para atrás a algunas personas. Para mí es uno de esos manjares exquisitos que dejan las manos pegajosas, algo que suele ser sinónimo de estar rico.
La oreja de cerdo con tomate, con ajillo o picante son alimentos que, por lo menos en Madrid, son difíciles de encontrar si no pides una ración. Los bares más céntricos suelen ponerla a la segunda o tercera cerveza, pero casi todos los que la hacen bien aguantan hasta que la pides expresamente y te dejas los duros.
Es muy importante que si la hacéis en casa la hayáis comprado en un sitio de confianza. Me sé yo de uno que la vio en un supermercado, le entró tal subidón que no miró la fecha de caducidad del envasado y se comió medio plato rancio. No creo que deba dar más pistas sobre la identidad de la persona pero sólo os diré que aún no sé cómo no me puse a morir allí mismo.
Un día os haré la receta de la oreja a la cerveza… uufff, muy buena!
Lo primero que queremos aconsejar es que las despedidas de soltero se comiencen por una buena comilona, da igual si es conjunta o por separado. Nosotros elegimos “El Rancho de la aldegüela” un sitio en el que sabíamos que no iba a faltar un buen cochinillo y un sabroso cordero. No nos defraudaron.
Nada más llegar nos sirvieron de aperitivo un foie muy rico que untado en pan de pueblo sabía de mil amores. Los primeros platos que pedimos fueron para compartir y no sorprendimos de lo gigantescas que eran las ensaladas.
Una vez que llegó el plato fuerte el mundo se paró, plantaron unas cuantas fuentes de carne y la baba se cayó del todo. Tanto cochinillo como cordero estaban sublimes, yo creo que no les pondría ninguna pega.
Digo mi opinión porque Raquel decidió pedirse secreto de cerdo, un manjar donde los haya. La sabrosísima pieza iba acompañada por una salsa y cebolla caramelizada con el punto exacto. ¡Exageradamente bueno!
Lo dicho, aconsejamos 100% este restaurante que está en Torrecaballeros, un pueblo a 10 kilómetros desde el acueducto de Segovia, aprox. Merece la pena desviarse un poquito y comerse una buena carne. Eso sí, reservad y decidles cuantos queréis comer cochinillo y cordero porque lo mismo os encontráis que no hay.
P.D. Al que le guste la canción se llama “Cape Cod Kwassa Kwassa” y está interpretada por Vampire Weekend.