
Aunque lo parezca no voy a hablar de la típica comida insalubre del comedor sino que voy a hablar de la que se comía dentro de clase. Ya lo sé, la mayoría diréis, “si a mí no me dejaban comer en clase”, pero yo os hablo de esa “comida” que te dejaban tener aunque no se la denominara como comida. Si alguien no lo ha pillado estoy refiriéndome al material escolar. Os voy a poner algunos ejemplos de cosas que yo he llegado a ver en mi clase.
Vamos a empezar con la mítica tiza que te la comes y da fiebre. Nunca se ha demostrado si esto es verdad o no, pero si alguien puede contestarnos a este enigma, fenomenal, sino Raquel se pondrá a experimentar con la tiza y sacará la verdad empírica de toda esta leyenda. Los compañeros que la han tomado por la mañana han venido a clase por la tarde, y hablo de cuatro casos. Mentiría si os dijera que no me han entrado ganas de probarlo alguna vez… pero no lo he hecho por miedica.
Otro de esos “manjares” era la goma MILAN modelo “Miga de pan”, prometo que se llamaban así. No sé bien el porqué, pero os aseguro que he visto hasta dos formas de comerla. Los había que la mordían y los había que la chupaban… si tuviera que elegir entre alguna yo pienso que la mordería. No creo que sea provechoso chupar algo que no se va a ir deshaciendo en tu boca por más tiempo que esté y además, el sabor a goma tiene que acabarse pronto. Lo bueno de esta “comida” es que venía en tres sabores: fresa (la rosa), nata (la blanca) y menta (la verde)… o eso decían (vacilando) los que se la comían. Menos mal que no les dio por comerse las gomas para borrar bolígrafo, porque si hacían esos agujerazos al papel… a nuestro estómago lo podían dejar fino.
Comprendo que para algunos haya sido un shock el anterior párrafo, pero si os hablo de gente que se comía papel… ahí no dudáis. Lo de comer papel empieza como una droga. Primero lo chupas un poco para que al tirárselo a alguien le moleste más el impacto. Luego te lo mantienes un rato más en la boca por ver cuánto aguantas y por último te ves masticando papel sin darte cuenta. Debo reconocer que me quedé en el segundo paso… que le voy a hacer, no puedo ser más perfecto.
A modo de apunte rápido os puedo comentar que si masticáis durante mucho rato la tapa de un determinado boli, su aspecto y textura se parece enormemente a la de un chicle, un chicle asqueroso, pero un chicle. Si había alguien que hacía estas guarradas en vuestra clase, ponednos algún comentario e intentaremos ver cómo de malo es injerir este tipo de “comida”.
Luis Crespo
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