Se acabó el llorar con las cebollas

Se han escuchado muchos consejos para prevenir el llanto cuando nos disponemos a cortar una cebolla, pero… ¿Por qué se produce esta reacción tan triste? ¿Acaso nos da pena comérnosla?

La cebolla contiene dos aceites esenciales, el disulfuro de alilpropilo y el metil-aliltrisulfato. El primero es precisamente el que nos provoca el lagrimeo debido a su volatilidad. Sin embargo, aunque sea el más molesto, es el que posee la mayoría de las propiedades terapéuticas que se atribuyen a dicho alimento. Cuando cortamos la cebolla, también estamos rompiendo enlaces celulares que desprenden una molécula que al entrar en contacto con nuestra nariz y ojos nos hacen llorar.

Las soluciones para evitar que se produzca esta situación han sido varias: colocar en la punta de un cuchillo un trozo de pan, mojar la punta del cuchillo con vinagre, pelar o cortar la cebolla bajo un chorro de agua caliente, dejar en el congelador la cebolla un rato para que se enfríe o simplemente mojar el cuchillo en agua y a continuación cortar.

Pues bien, el secreto se encuentra realmente en el filo del cuchillo. Cuanto más afilado sea, mejor. El porqué se debe a que si utilizamos un cuchillo poco afilado, lo que conseguimos es arrastrar la cebolla liberando este aceite en mayor cantidad. Empleando un cuchillo muy afilado el corte es más limpio y podremos evitar en gran medida arrastrar ese líquido aceitoso tan irritante. Si queréis, además podéis mojar el cuchillo en agua, para tomar más precauciones.

Raquel Campaya

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