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¿Qué comemos cuando estudiamos?

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Está claro que no hay nada que dé más hambre que estudiar. Con pensar en esa palabra y encender el flexo, algo en nuestra cabeza nos dice que tenemos que ver el contenido de la nevera. Estamos en la obligación de mirarlo como poco 5 veces a la hora, por ver si la relación del queso manchego y la leche desnatada ha engendrado quesito de El Caserío…

Si acababas de merendar y te ponías con los deberes, descuida que el hambre te iba a volver en un par de minutos. En mi caso, por lo general, el chocolate y las galletas María eran mi debilidad. Eso sí, cuando en época de navidades había jamón… la de veces que me habré cortado en esas incursiones furtivas a la terraza.

Porque esa es otra, esquivar el control paterno. Como máximo te podían pillar dos veces, una que decías que ibas al baño y otra a por agua, fin. A la tercera la bronca te caería de todas, todas.

A mí me gustaban estas cosillas, pero entre la gente que he preguntado destaca el fuet, uno de esos grandes inventos en los que podías pegar un ‘bocao’ y huir de una manera silenciosa. Estoy seguro de que los más finolis le quitaban la piel… ¡meek! Error. Son segundos vitales y restos orgánicos que no tienen que encontrar nadie.

La paella fría, la tortilla de patata que había sobrado de la comida o la típica cinta de lomo iba desapareciendo mordisco a mordisco. El que tenga hermanos que estudiaban en las mismas edades podrán ver como los humanos no somos tan distintos, todos vemos un filete frío y le hincamos el diente.

El mundo del fruto seco también ha sido importante para los estudiantes, aunque tuviera un gran problema… las bolsas. ¿Habéis intentado abrir una bolsa de patatas haciendo el menor ruido posible? No sé bien si será porque no pretendemos hacer ningún sonido, pero cuando abres sigilosamente cualquier snack formas un estruendo de la leche.

No hay que olvidarse de los cereales, los quesitos y las aceitunas porque su conjunción ha hecho repetir curso a más de uno. Alimentos rápidos y que enganchen…

Dios, me están entrando ganas de meterme a estudiar algo…

Luis Crespo

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La comida rápida nos ataca

Bruselas es un sitio en el que la cultura de caminar y comer a la vez está bastante arraigada. Si en Madrid o Barcelona podemos ver a cantidad de gente de este palo, Bruselas no se queda atrás ni mucho menos.

Os vamos a explicar nuestra situación y de esa manera comprenderéis lo de comer y correr. Llegamos sobre las 9 de la mañana de un viernes y empezamos a turistear como locos, gracias a Dios teníamos una buena guía. A no sé bien qué hora enganchamos un chocolixir que nos llenó parcialmente el estómago. Consejo… si podéis tomarlo un poco calmados, os sentará infinitamente mejor.

Al ratito, cerca de las 14, el hambre empezó a hacer acto de presencia con un tímido rugido que despertó a los dibujos de las paredes. Como hay mucho por ver, lo de pararse es de pobres de espíritu. Sin más ni más nos compramos dos cucuruchos de patatas, con un par de salsas y tan felices. Es un “plato” completamente aconsejable para este tipo de turismo findesemanero.

Más tarde, como dos horillas después,  nos picó el gusanillo dulce. Podíamos elegir entre los dos grandes tótems del postre transportable; las fresas con chocolate o los gofres especiales. Dado que el ser humano es indeciso por naturaleza, ¿qué pensáis que hicimos? Efectivamente, tomarnos los dos, uno en ese momento y otro después de cenar, pero no quedarnos sin probarlo. Realmente, muy pero que muy aconsejables los dos. Lo bueno es que dentro de estas fugaces delicatesen puedes elegir sabores e incluso texturas a la hora de comerlo.

Algo a lo que dijimos un NO rotundo fue a los típicos kebabs que los hay igual en España. Partiendo de la base de que no lo probamos, podemos decir que nos trataban como billeteras con patitas bajando por la calle de los restaurantes. Yo creo que si nuestra lengua hubiera sido swahili, alguna palabra hubieran sabido. ¡Qué dominio tenían del chapurreo!, además que te veían y ya te hablaban en tu idioma, ¡vaya cracks! Eso sí, cuando a un español  se le agobia para entrar a un sitio… malo, solemos decir que “pa su tía” y así pasó hasta la hora de la cena. La estafa de nuestra cena ya es otra historia que contaremos a lo largo de la semana.

Sabemos que no hemos hecho referencia en este post a los dulces que no son chocolate (galletas, caramelos, pasteles o bollos), pero creemos y queremos dejarles un hueco especial en los próximos días.

El paraiso del chocolate belga

Para los amantes del chocolate, hemos de decir, que si Suiza tiene a Lindt, Bruselas no se queda atrás. Dar una patada y que te salgan mil chocolaterías es lo que sucede en la ciudad belga y a pesar de la competencia, todas están llenas…por algo será…

Desde GODIVA con su chocolixir en vasitos para llevar con los que calentarse las manos ahora que llega el frío, hasta el NEUHAUS, donde se encuentran unos bombones deliciosos para cualquier ocasión y los famosos chocoexpresos, pasando por LEONIDAS, donde el precio es más asequible y la calidad sigue siendo extraordinaria (son los chocolates y mazapanes de la foto). Tomarte unas fresas cubiertas de chocolate por la calle, preparadas en el momento, mmm…¡todo un lujo!

La presentación de las cajas es cuidada, hasta el más mínimo detalle, empleándose como uno de los recuerdos que sin duda llevarías a tu familia y amigos para que se deleiten. Chocolate blanco, negro, con leche, especiado, en polvo, en crema, da igual, todos están para morirse… Los costes oscilan de un lugar a otro, nosotros os animamos a que entréis en todas las chocolaterías que podáis y dejéis volar los sentidos.

Así que si a alguno se le ocurre viajar por Bélgica, que no se vaya sin probar tal exquisitez, que seguro que repite y si van a Suiza, ¡tampoco! En otro post ya explicaré qué propiedades ofrece el chocolate, que para el que no lo sepa, es muy beneficioso.

Chorizo con chocolate, manjar de dioses

Y el que no lo piense que lo pruebe, bueno a todo el que le gusten los dos por sí solos. En este post quería rescatar todas esas “comidas” que concebíamos de pequeños cuando nos hacíamos la merienda. Teníamos que aprovechar el momento justo en el que nuestra madre se iba por ahí y nos dejaba la cocina.  Todas las mezclas que os voy a contar las he visto con mis propios ojos y os aseguro que han disfrutado comiéndolas.

Existían dos elementos que eran casi primordiales en las guarradas, los derivados de la patata y del chocolate. Yo debo reconocer que era un adicto a comer chocolate con chorizo cantimpalo entre rebanadas de pan de molde. Pero los hay que preferían la Nocilla con chorizo…  sigo pensando que lo bueno es lo mío. 

Sin salirnos de esa crema de leche, cacao, avellanas y azúcar, he visto como amigos míos untaban una rebanada con pate de la marca “Abri-come”, otra con Nocilla y la juntaban.  Éstas podían ser más o menos normales… pero a partir de ahora la cosa se va a poner más… curiosa.

Tengo un colega que se hacía bocadillos de panchitos y otro de aceitunas. Raquel hace unos sabrosos sándwiches mixtos que acaba sumergiendo en Cola Cao. Yo mismo tuneaba las magdalenas de toda la vida abriéndolas a la mitad y metiendo entre medias cualquier embutido con salsa de tomate.

Quién no se acuerda de las fiestas de los cumpleaños en la que nos daban patatas, esos gusanitos naranjas que olían horrible y muchos líquidos. Siempre acababa haciéndome mi primer Kalimotxo con coca cola y Fanta naranja, yo decía que sabía a Nestea… probadlo ahora y ya me contáis. Tenía espíritu de coctelero. Pero esto no era lo único… cada producto comestible de un cumpleaños tenía que probarse con su consiguiente baño en bebida. Patatas con sal, los terribles gusanitos naranjas o los propios 3D (que servían como improvisados vasitos para los diminutos)  acababan siempre sumergidos.

Ya termino, pero no me podía dejar el mundo de los postres. Los hay que aún siguen tomándose el Sandy de chocolate con patatas del McDonalds en vez de con cuchara. Menos mal que atrás dejamos el momento “tarta con todo” de todos los cumpleaños. He llegado a ver tarta de nata con panchitos, 3D y gusanitos. Sin comentarios.

Para el final he dejado la “guarrada” que más me ha hecho reír de todas. Plátano con patatas fritas de bolsa al ajillo. TOMA YA!!!  Qué cojones tienes María, eres la nueva  Ferrán Adriá.

P.D. Éste es un pequeño homenaje a todos los que habéis comentado, el mito de la tortilla de Nocilla al descubierto

 

Luis Crespo 

Crema de zanahorias y tarta de galletas

Esta semana hemos tirado la casa por la ventana y os hemos querido ofrecer dos pequeñas recetas en una, un primero y un postre. ¿Qué por qué? Porque nosotros lo valemos y se nos hubiera quedado corto el vídeo sólo con una de las dos.

La crema de zanahorias es muy ligerita, ideal para tomarla a la hora de cenar y no irte a la cama ‘empachao’. Si lo hacéis como decimos saldrá muy suavita y será un aténtico placer comerla. El que quiera puede echarle nata líquida o leche evaporada si ya desean la suavidad de la seda en una crema de zanahorias.

De postre os vamos a presentar una tarta muy divertida, que no tardáis nada en hacer y que no hace falta horno. Se hace y se come, punto. Al contrario que la crema, ésta no es una receta baja en calorías, es… para darte un capricho.

Ver receta completa

Esperamos que las llevéis a cabo en algún momento y luego nos comentéis que tal os ha ido.

P.D. Si os ha gustado la canción del vídeo os la podéis bajar pinchando aquí. El título es “SaReGaMa & Hamelin Bérengnier – Honky Fonky (2007)”