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Frío instantáneo

¿Quién no se ha visto alguna vez en la situación de agotar toda la bebida de la nevera y los hielos para enfriar? Alguien te pide una bebida fresquita y tú… ¡Pues ya no hay problema! Con la mezcla que os proponemos a continuación, podréis conseguir ser anfitriones magníficos, pudiendo ofrecer bebida fresquita en cuestión de 2 minutos.

Únicamente necesitáis agua, hielo y sal. En un recipiente añadimos los 3 componentes; colocamos la botella o lata que deseemos enfriar y removemos para homogeneizar la mezcla, como mucho 2 minutos. Cuando lo extraigamos notaremos cómo está de fresquito y en nada de tiempo.

La explicación es la que sigue. Entre el agua y el hielo se produce un intercambio de energía del cuerpo más caliente al más frío, hasta alcanzar un equilibrio. Al mezclar agua y sal, el punto de congelación de ésta no decrece, como muchos creen, sino que el agua salada se congela a una temperatura inferior al punto de congelación del agua pura, es decir, la presencia de la sal consigue que el agua permanezca en estado líquido más tiempo mientras la temperatura continúa descendiendo.

Esperamos haberos servido de ayuda, que lo probéis y nos contéis vuestra experiencia.

Raquel campaya

Cóctel: Armonía

El que presentamos esta semana es un cóctel muy dulce y afrutado. El único alcohol que lleva es vodka y luego va acompañado por zumo de naranja y lima natural. Aunque ahí no queda la cosa, el punto fuerte del combinado es el jarabe de sandía. Jarabe de sandía que puedes hacer de manera natural y que te sabrá mucho mejor.

Nuestro consejo es prepararlo para media tarde cuando tengas alguna visita con la que te guste hablar, porque el cóctel te soltará la lengua sin darte cuenta. Obviamente esto es una indicación, no una obligación, así que podéis hacerlo a la hora que mejor os parezca.

Como cada semana, si te ha gustado la canción de nuestra nueva sección no tienes más que bajártela gratuitamente en Jamendo. La canción se llama  My Angel in My Heart y su intérprete es ElectroMuss

La leyenda del Flash

En este post me apetecía rescatar la alargada leyenda de los “flashes”, ¿os acordáis? Bueno, para el que no lo recuerde le diré que era una especie de plástico fino y alargado relleno de un líquido helado de un color muy llamativo.

Recuerdo que había de dos tamaños, de 10 y 25 pesetas. Con los años esto me demuestra que de pequeños éramos poco espabilados porque dos de 10 eran como uno de 25 y nos ahorrábamos 5 pesetas para un chicle Bubaloo.

La elección no era un gran problema… pero abrirlo sí. Se supone que el utensilio que tienes para romper la parte superior son tus propios dientes, con el doble perjuicio que ello conlleva. Te hacías daño y encima tardabas la leche de tiempo hasta que lo dejas un poco decente.

El segundo paso es comerlo… y no, esto no es lo más fácil. Según vas comiendo te vas rozando con el afilado plástico de los bordes y se van produciendo las fatídicas boceras o boqueras. Para el que no lo sepa son cortecitos en la comisura de los labios que escuecen como la madre que los p…

Aunque claro, una vez que te salía callo tu único problema era ver cuánta cantidad dejabas que se deshiciera para luego poder bebértela. Al final siempre pasaba lo mismo, empezabas a chupar el hielo e incomprensiblemente subía el líquido y te dejabas como mucho un dedo de bebida.

Mención especial se merece la leyenda negra de los flashes. En una ardua labor de investigación he recopilado tres amenazas dignas de recordar. La primera es que el flash era completamente cancerígeno y que cuantos más tomáramos, más posibilidad teníamos de tener cáncer. Algo muy tétrico pero que a ninguno nos terminó de asustar. La segunda es que hacían el plástico con droga y que no había que chuparlo, que con sacar el hielo ya no había ningún problema. Vamos, la misma historia de los cromos con coca pero en “alimento”. La última era que nos íbamos a quedar enanos y que con eso no creceríamos nada más. Por desgracia a algunos nos ha debido pasar esta afirmación porque desde los 14 no hemos crecido nada más que a lo ancho.

Luis Crespo